La casa del horror para cientos de niños en Michoacán

“Casa mamá Rosa” recibía fondos de funcionarios presidentes y hasta de la Reina Isabel II

En Michoacán fueron rescatados más de 500 menores, que vivían en “La Gran Familia”, un albergue con condiciones infrahumanas, donde muchos permanecían secuestrados o retenidos contra su voluntad y otros simplemente crecieron ahí, donde llegaron a muy corta edad. Los menores y hasta jóvenes mayores de edad, vivían injusticias de todo tipo, incluyendo maltratos, abusos sexuales y explotación infantil.

El lugar lo administraba Rosa Verduzco, alias “Mama Rosa” y comenzó a funcionar desde 1947, durante el gobierno de Miguel Alemán Valdés. Desde entonces han pasado 9 presidencias priistas y 2 panistas, 15 gobiernos estatales priistas y 2 perredistas, más innumerables funcionarios y presidentas del centro para el Desarrollo Integral de la Familia, DIF. Ahora, entre el silencio de muchos, otros dicen que aunque ciertamente “Mama Rosa” era dura en el trato a los niños, no se puede conducir de otra forma a tantos niños que hoy podrían estar delinquiendo en las calles.

Los rumores extendidos en Zamora, Michoacán, ya habían sido confirmados por el diario El Universal en agosto de 2010, cuando afirmó que el lugar mantenía niños contra su voluntad y funcionaba más como un centro de reclusión que como un albergue.

El ex presidente panista Vicente Fox y su esposa Martha Sahagún han declarado que rechazan la criminalización contra Verduzco y que ellos la visitaban regularmente, dando cuenta de que ella “hacía lo que podía”, pero concluyen: “no se puede controlar todo lo que pasa en un lugar tan grande”, haciendo referencia a las violaciones sexuales contra los niños. Así de grande es el cinismo prevaleciente entre la clase política mexicana en el poder.

“Mama Rosa” hoy tiene 79 años y se desconoce el número total de niños que pasaron por sus instalaciones, desde que ellos mismos edificaron los muros, construyendo ladrillos por indicación de Verduzco. Con el aumento de su poder y sus relaciones políticas, llegaron los millones de pesos en donativos, y bastaba con que Rosa se apareciera con un niño en el Registro Civil, para que le fueran otorgados legalmente y ya “le pertenecían”, mientras otros no tenían amparo ni en la ley, ni en sus familias. Cuando las chicas se embarazaban, también se apropiaba de sus hijos y los padres perdían todo derecho sobre ellos. También recibió a cientos de jóvenes con problemas de adicción, a condición de que le fuera otorgada la patria potestad por parte de sus padres.

Así vivieron un calvario miles de niños que permanecieron durante años resguardados en condiciones de hacinamiento, durmiendo en el suelo, entre plagas, comiendo alimentos podridos, siendo amenazados, explotados, castigados y entre abusos sexuales.

Las condiciones de miseria de cientos de familias obreras y campesinas, al oeste del país, llevaron a cientos de personas de los alrededores de Michoacán, a llevar a sus hijos a este albergue, con la promesa de vivir mejor y poder recibir visitas. Con los años les exigían dinero a cambio de recuperarlos y hay un caso de una madre que pagó 380 dólares para poder ver a su hijo 20 minutos, a quien halló delgado, con golpes en la cara y espalda.

El gobierno de Michoacán y el gobierno federal, realizaron un operativo conjunto con participación de varias policías y el ejército, donde encontraron a 6 bebés, 278 niños, 174 niñas y 138 mayores de edad, entre los que se encuentran personas de hasta 40 años que aún no lograban salir de ahí y también eran víctimas de abusos, y por lo menos 9 victimarios identificados por los niños, que funcionaban como “voluntarios” del albergue.

Algunas personas han salido en defensa de “Mama Rosa”, como el historiador subordinado del poder, aliado de Televisa, Enrique Krause: “suciedad, hacinamiento, ratas, abusos. Pero a Rosa Verduzco, en 66 años, no le han estallado tanques de gas matando bebés”. ¿Qué justifican sus defensores? Primero, el desamparo del Estado a cientos de niños arrojados a la calle con entornos de violencia intrafamiliar, abandono, drogadicción, familiares presos y luego, los “inconvenientes” de un albergue donde se requería la mano dura para “poder controlar” a tantos niños con problemas. ¿Pretenden que bajo sus criterios de doble moral, estemos agradecidos “por no tener a estos niños delinquiendo”?, como dijo Fox y muchos otros. Y para evitar delincuentes entonces, ¿delinquimos contra los niños, los hacinamos, violentamos y explotamos?

En México, es común saber de casas de “rehabilitación”, que funcionan bajo el principio de la culpa y el castigo para manipular y controlar a sus recluidos, miles de padres forman formas donde se comprometen a no volver en un tiempo definido. En este marco surgen realidades como la de “La Gran Familia”, un hecho que ya forma parte de los escándalos internacionales por violaciones a derechos humanos de los cuales el gobierno es responsable, incluido el de Enrique Peña Nieto que hoy hipócritamente envía a la Procuraduría al rescate de estos niños, en un claro reposicionamiento mediático del cual busca beneficios.

Fosas clandestinas con cientos de migrantes asesinados por el narco, en complicidad con las policías migratorias, niños, hijos de trabajadores, calcinados por negligencia criminal dentro de una guardería, miles de mujeres desaparecidas y asesinadas impunemente y ahora esto. Todo, consecuencia en primer lugar de la barbarie capitalista que en nuestro país, como en muchas otras partes del mundo toma formas inauditas. Y luego, evidencia un engranaje de corrupción política y financiera donde hay decenas o más responsables de todos los niveles de gobierno.

Lanzar un claro repudio a las condiciones infrahumanas en que funcionaba este albergue y la defensa de los derechos humanos nos corresponde a todos, activistas, organizaciones sociales, organizaciones políticas, sindicatos, personalidades y sectores en lucha. Por eso debemos exigir no sólo el juicio y castigo a todos los responsables de esta situación, incluida “Mamá Rosa” y todos los que la apoyaron y que hoy forman parte cómplice de varios delitos.

Pero además, casos como este nos demuestran cada día la evidente necesidad de organizarnos en perspectiva revolucionaria para terminar de una vez con este sistema opresor y rapaz al que no le importan las vidas, ni el bienestar de la clase trabajadora.

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