La operación para legitimar el despido de Carmen Aristegui

Comentarios a favor, la mayoría, pero también en contra, generó la noticia del despido del equipo de Aristegui Noticias, en sectores de derecha incluso ha iniciado una campaña que legitima la medida de MVS.

No se hicieron esperar los comunicadores serviles al régimen que justifican la “molestia” de MVS e intentan explicar lo que llaman un “aprovechamiento” por parte de Carmen Aristegui o el “mal uso” del nombre de la empresa y hasta explican lo que consideran la “soberbia” de Aristegui, en su ascenso como una de las comunicadoras más prestigiadas de México.

Lo que tienen en común quienes explican así el tema, es la justificación del poder impuesto a los medios de comunicación por parte del Partido Revolucionario Institucional (PRI) y luego del Partido Acción Nacional (PAN), que durante décadas ha beneficiado a unas cuantas familias, que disponen de las concesiones en radio y televisión en beneficio propio e informan al servicio de la presidencia en turno.

La propia Carmen Aristegui denunció en su programa de radio durante el año pasado, las fatales implicaciones que tendría para la libertad de expresión y el periodismo crítico, la nueva ley de telecomunicaciones impulsada por Enrique Peña Nieto. Ley que analistas compararon, en algunos aspectos, con leyes de comunicaciones existentes bajo la última dictadura en Argentina.

Este es el problema de fondo que enfrenta el periodismo crítico o independiente en México y la legitimación de la censura y los despidos de periodistas, que como Carmen han intentado construir un periodismo crítico.

Por ello, los cientos de miles que nos expresamos en redes sociales, indignados con lo ocurrido, debemos pasar, como han dicho muchos, de la indignación a las propuestas y acabar de una vez con el poder actual, monopólico, que controla los medios de comunicación y hoy se traduce en la Ley de telecomunicaciones.

En este país se lucha prácticamente por todo, porque las injusticias van desde el derecho a no morir asesinado a manos del narco o la policía, no ser criminalizado por luchar, hasta por los derechos laborales, la defensa de los recursos naturales y contra las privatizaciones. En este país nos tocó vivir y a partir de ahora, si no lo habíamos hecho ya, tendremos que incorporar a nuestras luchas las demandas por el verdadero derecho a la información, la libertad de expresión, la defensa de aquellos periodistas amenazados o el esclarecimiento de los que han sido asesinados, como parte de las banderas democráticas más elementales.

Y a aquellos que “explican las causas del despido” como una situación “entre particulares”, bajo una perspectiva patronal, debemos responderles que a pesar que los gobiernos pasan cotidianamente por encima de los derechos de millones de mexicanos, no tienen razón.

Ya lo dijo Carmen el primer día de su despido: “nuestros abogados nos dicen que no tienen derecho a hacer lo que están haciendo y que vamos a dar la batalla” y eso puede significar que hay violaciones contractuales y obligaciones patronales incumplidas.

La perdida del trabajo para todo el equipo de Aristegui, ha destacado en los principales medios internacionales, mientras en México se multiplica la solidaridad hacia ellos. Pero a pesar de ello, la empresa MVS Comunicaciones despidio a dos reporteras más, Adriana Buentello y Ame Mota, que expresaron su apoyo a sus compañeros.

Con cuánto cinismo se puede despedir a un comunicador a través de un pronunciamiento público y a la mañana siguiente ya no les permiten entrar a la empresa o como ocurrió con Adriana y ame, argumentando “recorte de personal”.

Esto recuerda la forma como despiden a diario a miles de trabajadores en este país, a los que ni siquiera se les permite entrar a la empresa a recoger sus cosas, como ocurrió luego del decreto de extinción de Luz y Fuerza, donde dejaron en la calle a 30 mil electricistas de un día para otro. Como el despido de los trabajadores en lucha de Honda o los trabajadores despedidos de la Caja de Ahorro de los telefonistas.

Parecen cosas muy distintas, pero evidentemente hay un marco común también laboral, donde las empresas privadas en este país, incluyendo a MVS, creen que simplemente pueden tener la última palabra. Este hecho no tiene nada que ver con el salario que haya percibido la periodista, que hoy se denuncia en forma amarillista como millonario. Tampoco es natural, que no se acepte el éxito de una mujer que ha forjado una carrera sin venderse al régimen y siendo exitosa a partir de ello.

Otro punto de vista sobre el tema, tan comentado en los días recientes.

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