¿Qué hay detrás de la decisión de Obama de retirar el status de “terrorista” a Cuba?

Luego de 53 años, el presidente Barack Obama anunció que Estados Unidos podría acordar la “rescisión de la designación de Cuba como Estado patrocinador del terrorismo”.

La Casa Blanca informó que, según las recomendaciones del Departamento de Estado, el presidente Obama propone eliminar a Cuba de la “lista de países patrocinadores del terrorismo”, donde estuvo incluida por décadas, como parte del ataque económico y las hostilidades imperialistas con el triunfo de la revolución.

El anuncio de inmediato ocupó espacios en los principales diarios del mundo, catalogado como una posibilidad de restablecimiento de relaciones diplomáticas entre ambos países.

Esta decisión se da luego de que Estados Unidos y Cuba anunciaran hace cuatro meses, un acercamiento en las relaciones diplomáticas, rotas desde 1961 y en el marco de drásticas reformas implementadas por el gobierno cubano, que implican un avance en la restauración capitalista en la Isla.

Sin embargo, el principal problema de la isla es el bloqueo económico que mantiene Estados Unidos desde 1960, que afecta a más de 11 millones de cubanos y sigue intacto.

En tanto, la llamada “certificación” de Cuba como “Estado patrocinador del terrorismo” internacional, será definitivamente cancelada, luego de la exclusión otorgada por Obama, si en los siguientes 45 días el Congreso de Estados Unidos ratifica esta decisión.

Mientras, el gobierno de Cuba califica de “justa” la decisión de la presidencia de Estados Unidos y recordó los cientos de actos de espionaje y atentados terroristas que ha sufrido la isla durante años.

Las reformas cubanas reciben esta recompensa política

Esta disposición del gobierno de Obama, más que un acto de “justicia”, es en realidad una distensión política de las relaciones diplomáticas entre ambos países, por las reformas implementadas en Cuba durante los últimos meses, que implicarán un enorme avance en la restauración capitalista cubana.

Lo que empezó con acercamientos diplomáticos, facilitados por la Iglesia católica, a través del Vaticano, el Papa y el gobierno de Canadá, ya preveía la llegada de nuevos acuerdos políticos, comerciales y diplomáticos que traerían beneficios para el capital internacional.

Como los planes impulsados por el gobierno cubano con la llamada “actualización del modelo económico”, que significa nuevas inversiones de capital extranjero, con creación de empresas 100% externas, además de la implementación de empresas mixtas con 51% de participación estatal, las nuevas garantías de ganancias y beneficios como bajos impuestos y capital para los inversores externos, prórrogas de pago en créditos, la apertura de nuevas áreas para la inversión turística, de empresas petroleras y mineras, la eliminación de gran parte de los fuertes controles al comercio exterior que históricamente existieron, entre otras medidas.

Pero además, la burocracia del Partido Comunista en el poder relaja la histórica confrontación con los cubanos de Miami, primero en el 2013, con la reforma migratoria cubana y luego con las facilidades de inversión para empresarios cubanos que no residan en el país, claro, bajo su dirección política.

Y al mismo tiempo, la burocracia garantiza para sí misma, la posibilidad de transformarse en accionistas de las nuevas empresas, con diversas facilidades de las cuales ya disponen, como el poder en el control de los servicios, entre otros.

La liberación de disidentes y el aumento del control por parte del PCC

Recordemos también que se dio un canje de presos políticos, como muestra diplomática entre ambos países, con la liberación de tres de los cinco presos cubanos acusados de espionaje, en cárceles de Estados Unidos y la liberación en Cuba de Alan Gross, detenido hace 5 años por intentar fortalecer la disidencia al régimen castrista.

Pero este aparente relajamiento dentro de Cuba, va acompañado de un cambio político profundo de las relaciones en el propio Estado, principalmente en los distintos sectores de la burocracia castrista. Con una contención y “limpieza” tanto de los sectores “restauracionistas” más acelerados, como de los sectores más reticentes a la ingerencia extranjera y las políticas con el gobierno de Estados Unidos.

Esto ha derivado además en una mayor presión política hacia sectores de la población y nuevas detenciones, que vemos en el marco de la urgencia por parte de la burocracia por mantener una “reforma ordenada”, donde salga favorecida la cúpula gobernante y no pierda privilegios.

Mientras la Iglesia se fortalece en medio de su rol mediador entre el imperialismo y el gobierno cubano, aprovecha sus nuevas concesiones que le dan mayor hegemonía entre la población.

Pero los derechos de la población cubana no cambian, por el contrario, se mantienen aún más cerrados: no pueden discutir, agruparse, reunirse en asambleas, debatir sobre los cambios que ocurren u oponerse a los privilegios de Partido único que históricamente ha mantenido la burocracia.

La hipocresía “antiterrorista” de Estados Unidos

Mientras ambos gobiernos prevén la posibilidad de abrir una embajada en La Habana y Washington, Estados Unidos presiona hacia la obtención de nuevas concesiones económicas y se vanagloria de su decisión respecto a Cuba, pues a decir de Obama es tiempo de “levar las anclas del pasado”.
Pero si de historia se trata, no olvidemos la sistemática manipulación de la opinión pública por parte de los gobiernos de Estados Unidos, con brutales campañas de terror y políticas “anticomunistas”, hoy llamadas “antiterroristas”.

Planes implementados a través gobiernos lacayos, sectores progolpistas, dictaduras militares y otros aliados coyunturales, en búsqueda de supremacía política, económica y militar.

Ejemplos latinoamericanos sobran, como el Plan Cóndor, originado y apoyado desde Estados Unidos en los 70s y 80s, impulsado por las dictaduras sudamericanas, con una coordinación clandestina internacional, que implementó el terrorismo de Estado para perpetuarse en la región y con decenas de miles de torturas, asesinatos y desapariciones forzadas. Donde parte de sus acciones paramilitares alcanzaron a Cuba, con miembros de la mafia cubana de Miami, que realizó sabotajes, asesinatos y atentados políticos en la isla.

La propia Escuela de las Américas es otra expresión de la política exterior imperialista, formadora de asesinos, torturadores y golpistas, que marcaron con sus atrocidades a varias generaciones, principalmente en Centroamérica, pero exportando sicarios a otros países, como México.

Está el terrible ejemplo de la cárcel de Guantánamo con presos “sospechosos terroristas”, que son sustraídos de sus países ilegalmente, presos indefinidamente entre torturas y sin juicio, situación que contrasta con la actuación de los Tribunales estadounidenses que liberaron al terrorista Luis Posada Carriles, autor del atentado a un avión de Cubana de Aviación en 1976, en la costa de Barbados, que cobró la vida de 73 inocentes.

O los varios intentos de golpe de Estado en Venezuela desde 1992 o el golpe de Estado en Honduras de 2009 que impuso a Micheletti en el poder, ambos con respaldo de sectores de Estados Unidos.

Ahora vemos que la decisión de Obama nada tiene que ver con justicia, ha sido bien planificada, en consecuencia a las acciones restauracionistas implementadas por la burocracia del PPC y es parte de múltiples ofensivas reaccionarias que dejan ver el intento de reubicación imperialista en la región, con las elecciones internas también en la balanza.

 

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