Policías antimotines, gases y toque de queda es la salida de Obama a la crisis en Baltimore

Cientos de personas permanecen en las calles, como protesta ante el toque de queda impuesto durante una semana, por la alcaldesa de Baltimore, Stephanie Rawlings Blake.

Esta es la forma como el gobierno de Obama pretende cerrar la crisis abierta por la brutalidad policial contra el joven afroamericano Freddie Gray, herido el 12 de abril pasado mientras era arrestado.

El hecho despierta un nuevo conflicto racial, como lo vimos en Ferguson recientemente, con protestas y enfrentamientos en las calles, en repudio a la política criminal que protege a la policía y permite su impunidad, mientras miembros de la comunidad negra en Estados Unidos, como también lo sufren los inmigrantes y latinos residentes, son detenidos ante cualquier “sospecha”.

Así, el este de Estados Unidos ha recluido a más de 200 personas, principalmente jóvenes, cifra que va en aumento, ante la inminente salida represiva del gobierno, con el toque de queda que estará en vigor toda la semana a partir de las 22:00 horas y hasta las 5:00 horas.

Los manifestantes se niegan a volver a sus casas y abandonar las protestas, mientras el gobierno pretende dispersarlos con gases lacrimógenos, bastones eléctricos, grupos antimotines y un fuerte despliegue militar y de fuerzas especiales que ha llegado a la zona.

Pero esta crisis por racismo e impunidad, se intensifica en Baltimore, mientras un nuevo asesinato policial se confirmó el día de ayer en Detroit, contra Kevin Kellom, un joven afroamericano baleado por un policía en su domicilio, cuando supuestamente ejecutaba una orden de aprehensión en su contra. El oficial argumenta que lo consideró sospechoso por cargar un martillo, versión desmentida por el padre del joven, que afirma que su hijo murió con las manos vacías.

De inmediato surgió una movilización contra la brutalidad policial también en Detroit, contra los crímenes de la policía en Estados Unidos.

El gobierno de Obama enfrenta las protestas de cientos de inconformes que se dispersan en las calles entre hogueras para repeler los gases y arrojan objetos para repeler el avance policial.

Este martes comenzó el toque de queda, una política que denota que el racismo es un problema de Estado en Estados Unidos. Por eso no hay policías presos sino suspendidos en muchos de estos casos. La impunidad policial es la constante, mientras las cárceles del país están llenas de negros y latinos.

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