¿Por qué anular el voto estas elecciones?

En el marco de la crisis por Ayotzinapa, el régimen entró en un cuestionamiento como no lo hubo en muchos años. La falta de confianza en las instituciones, por el cuestionamiento al ejército, la policía y el sistema de justicia mexicano, se vieron confrontados por las multitudinarias movilizaciones que exigieron la presentación con vida de los normalistas.

Esta crisis se sumó al escándalo internacional ante el destape de decenas de fosas clandestinas en Guerrero y la exigencia de organismos de derechos humanos y parlamentos en otros países, que llamaron al gobierno mexicano a resolver la crisis de derechos humanos del país.

Los mexicanos más jóvenes seguramente no habían visto nunca antes movilizaciones y descontento de tal magnitud y los que formamos parte de luchas anteriores, no vivimos antes el impacto en redes sociales expresado en millones de imágenes que desde México y el mundo exigían a Enrique Peña Nieto presentación con vida y decían solidaridad con Ayotzinapa.

Sin embargo, el gobierno de Enrique Peña no cayó como resultado de estas movilizaciones, ni por su complicidad en el encubrimiento a Ángel Aguirre y la obstrucción de la justicia para Ayotzinapa, ni por el terrible manejo que dio la Procuraduría al caso, en su intento por imponer una versión oficial bajo la hipótesis de la incineración de los jóvenes en el tiradero de Cocula.

¿Por qué no cayó el gobierno con la crisis de Ayotzinapa?


Hay tres razones claves por las que el gobierno no cayó ante esta crisis política:

El cierre de filas de los principales partidos del Congreso para evitar que se debilitara el régimen político y evitar una mayor crisis política. Esto busco conjurar una mayor crisis en las instituciones y el gobierno, mientras avalaron o guardaron silencio ante el envío de miles de federales, gendarmería y militares a Guerrero.

Apostar al desgaste de las movilizaciones, al mismo tiempo que se reforzó la maquinaria electoral, para llevar todo el descontento a las urnas, mientras se reprime brutalmente a los sectores que persisten, como a los jornaleros de San Quintín.

Y la falta de una organización política, que plantee una alternativa independiente de los partidos patronales no sólo a los millones que salimos en las calles en solidaridad con Ayotzinapa, sino a los millones de explotados y oprimidos en México, para llevar la lucha a una huelga general por la caída del gobierno e iniciar la discusión democrática que defina el camino a seguir en la lucha. En este marco se inscribe la responsabilidad de las principales direcciones sindicales y políticas, que se negaron a impulsar una política de estas características.

El voto nulo construye


El voto nulo que proponen distintas organizaciones como el Movimiento de Trabajadores Socialistas y el llamado al boicot de los padres de los normalistas, contrario a lo que plantean diversos sectores que impulsan la política de “voto útil” o el voto al “mal menor”, etc., son una política que construye. Pero no como nos ha enseñado Televisa, la burguesía y la justicia para ricos que se debe construir en este país, respetando las instituciones de esta democracia asesina, responsable del saqueo y la entrega.

Construye debates para tomar resoluciones de acción entre los oprimidos, acciones alternativas y alianzas de los obreros despedidos en lucha, como los jornaleros de San Quintín, los maestros de Baja California, los trabajadores despedidos de la Caja de Ahorro de los Telefonistas, los luchadores de Honda, Mazda, etc., con los estudiantes combativos y los jóvenes excluidos de las universidades, con las mujeres doblemente oprimidas y los migrantes perseguidos por el narco y los corruptos funcionarios de migración.

Construye una nueva lucha contra la democracia asesina del régimen, que mientras nos llama a votar reprime las luchas sociales y mete a prisión a dirigentes sociales.

Pero además, esta es parte de una política activa donde miles de jóvenes, trabajadores, padres de desaparecidos, le dicen a los mexicanos que es posible crear una alternativa independiente de organización como no se ha visto antes en México.

El voto nulo y el boicot lo único que destruye es la ilusión de que éste régimen puede autorreformarse y de ir a meter un voto a la urna para volver a la explotación diaria de la fábrica, la oficina o el campo.

A pesar de la lucha que Morena dice sostener contra la corrupción y la “mafia en el poder”, prevalece en este partido una estrategia que no cuestiona a las instituciones, ni plantea una ruptura con la burguesía y de los planes imperialistas. En estas elecciones, no saldrá del régimen una cara más humana que aplique las reformas estructurales con “mayor suavidad”. Ya vimos las consecuencias del “voto útil” en el 2000, bajo el argumento de “sacar al PRI de los Pinos”. Casi un millón de muertos y desaparecidos en dos sexenios panistas y un mayor desbarranque del PRD, que es responsable por desaparición forzada contra jóvenes estudiantes.

Morena y otros sectores han planteado que abstenerse o anular favorece al PRI, pero este argumento estigmatiza la lucha por una salida independiente en México y la política de los padres de los normalistas que llaman a repudiar el proceso electoral y no creer en este régimen criminal.

En este caso, las elecciones son una trampa, pero este debate no es nuevo, se ha dado prácticamente durante cada elección desde el año 2000 a la fecha. Van entonces más argumentos hacia el voto nulo en un debate que seguirá abierto en tanto las elecciones se acercan.

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